OTROS SENTIDOS
Tacto y dolor.
El sentido del tacto (percepción sensorial táctil) es uno de los sentidos más importantes. Comienza
a desarrollarse durante el embarazo, tercer trimestre, y se vuelve bastante activo antes de que nazca el bebé. Como
los otros sentidos que juegan un papel importante en la integración sensorial, normalmente hace su
trabajo sin que nos demos mucha cuenta. Sin embargo es muy importante para permitirnos realizar
muchas habilidades y sentirnos cómodos y a gusto en diversas situaciones. Los bebés aprenden
mucho del mundo a través del tacto. Cuando están en la etapa de agarrar todo y llevárselo a la
boca están utilizando el sentido del tacto para saber la forma, tamaño y textura. Es así como van
aprendiendo las diferencias entre las cosas, por ejemplo: redondo o cuadrado, grande o pequeño,
áspero o suave etc. Si este sentido no es muy específico, es decir, que no provee información clara
y consistente, será más difícil entender este tipo de diferencias a nivel visual o cognitivo.
Las manos, los pies y la boca son las áreas más sensibles del cuerpo porque tienen más células
que detectan y responden cuando se les toca.
Dependemos de la información que nuestro sistema
táctil da para poder realizar muchas habilidades.
Audición.
Ya antes de nacer, el sistema auditivo del bebé es capaz de responder a los ruidos que oye, tanto dentro del vientre materno (por ejemplo, los latidos del corazón de la madre) como a los externos producidos por la voz de la madre u otros sonidos diferentes (como, por ejemplo, la música).
Para la mayoría de los pequeños tanto la audición, como la hemisfericidad y el lenguaje mantienen una relación que permite la integración de los procesos perceptivos y de simbolización. Como bien sabemos, el cerebro está dividido en dos mitades o hemisferios: izquierdo y derecho, y cada uno de ellos muestra unas características determinadas.
El hemisferio izquierdo es el responsable de la comprensión y producción del habla, mientras que el hemisferio derecho, se encarga de los llamados parámetros suprasegmentales del habla (como son el tono, la melodía, la acentuación o la mayoría de los estímulos auditivos).
Por ello, el oído derecho tiene ventajas sobre el oído izquierdo en lo referente a estímulos referentes a la comprensión y producción del habla, mientras que el oído izquierdo aventaja al derecho en aspectos melódicos, tonalidad.
Olfato
También se desarrollan desde el útero. De hecho, el olfato es uno de los sentidos más desarrollados en el recién nacido. Los bebés reconocen a las personas por los olores, sobre todo a su madre y las personas más cercanas a él.
Ya desde el periodo de gestación el bebé comienza a desarrollar el sentido del olfato, siempre gracias a la unión hormonal que comparte con su madre. El líquido amniótico, comidas y otros olores externos empezarán a formar parte del universo del niño aún sin haber nacido.
Cuando el niño es pequeño tiene la capacidad de habituarse a los olores, ya sean buenos o malos, por eso son capaces de estar en un habitáculo con mal olor o acercarse a la nariz cualquier cosa pestilente, simplemente están reconociendo, aprendiendo. Según van creciendo las respuestas hacia los olores se van haciendo más calculadas puesto que sabe discernir entre un buen y un mal olor.
Identificando olores es la forma en que los niños y los no tan niños se protegen y reconocen su entorno. Por ejemplo, el olor de algo quemado, pone nuestro cerebro alerta. La primera vez que un niño huele algo quemado, no sabe a que se enfrenta, pero una vez que su mente asocia ese determinado olor con una determinada situación de peligro, la segunda vez que lo huela su cerebro se pondrá en alerta de forma instantánea y natural.
Gusto
El sentido del gusto se empieza a desarrollar antes de nacer. A través del líquido amniótico el bebé va descubriendo los diferentes sabores que su mamá ingiere y parece que estas experiencias gustativas prenatales pueden determinar en parte su preferencia posterior por unos alimentos u otros. Desde el momento de nacer, el bebé sigue aumentando su experiencia sensorial del gusto a través de la leche materna.
En sus primeros meses, el sentido del gusto se irá desarrollando paulatinamente en base a esos sabores que distingue en la lactancia. La clara preferencia por los sabores dulces que prevalecerá durante toda la infancia se relaciona con el sabor de la leche, tanto la leche materna como las leches de fórmula. Pero seguimos avanzando en el desarrollo del gusto.
Hacia los 5 meses, el bebé ya experimenta con las texturas y los sabores metiéndose objetos en la boca. El número de papilas gustativas va a aumentando y es capaz de reconocer las diferencias entre sabores. A partir de los 6 meses, cuando el bebé empieza a ingerir alimentos sólidos, es posible que se sorprenda o incluso rechace algunos sabores por considerarlos demasiado diferentes al de la leche a la que está acostumbrado.




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